Negro marfil: coincidencia oppositorum
 
*Luis de la Peña Martínez

 

El trazo negro de la escritura y la blanca superficie de la página se reúnen en un solo cuerpo: inauguración del sentido, razón de ser de quien escribe. O como lo anota Edmond Jabes en El pequeño libro de la subversión fuera de sospecha:
 

La alianza del papel con el vocablo —del blanco con el negro— es el acoplamiento de dos subversiones alzadas una contra otra en el corazón mismo de su unión...


Unión de contrarios, como sucede en el oxímoron, esa figura retórica caracterizada por los antiguos con el término de coincidencia oppositorum. Como aquel oxímoron empleado por los gnósticos: luz oscura (o como esos otros que ha utilizado el sup Marcos en sus discursos).
 

Myriam Moscona, Negro marfil, México, UAM/Oak Editorial (El Pez en el Agua), 2000.

Así, Negro marfil ("alianza de palabras contrarias", como también define Jakobson a la figura ya mencionada), título de este texto poético de Myriam Moscona, que lo mismo puede leerse como un poema largo compuesto por dos partes o como los fragmentos de una experiencia escritural heterogénea y dispersa.

Trayectoria verbal que intenta decir lo indecible, como en la poesía mística de San Juan de la Cruz. Mirada interior y, simultáneamente, observación externa que nos hace conocer y ver al mundo (cosmovisión) de otra manera.

Todo se funde y se confunde en ese estado donde los sentidos se encuentran a la deriva:
 

NEGRO soplando
NEGRO en la ventana
Simultáneo
El ojo de adentro 
Frente al tacto de mirar
En lo negro blanco


Es la oscura claridad, o la claridad oscura, del cielo nocturno:
 

La oscura luz que enciela en blancos.


Son los signos, las huellas de una presencia más allá de lo visible. La noche oscura del alma en que las sensaciones se mezclan. Y así como la autora emplea el oxímoron, también se valdrá de otra figura como la sinestesia, para lograr que los sonidos se puedan ver y los colores escucharse:
 

melancólicos los tonos son deliberadamente en platas oigo
las cuerdas contra el chelo oigo el arpa los tonos elegidos,
Son lo que son lo que empincela en tinta el borde
de los cuerpos (...)


Son las inversiones ( "Y la respuesta vuelve a preguntar") y los virajes del sentido. E, incluso, el cambio en el orden de la escritura. Escritura en espejo / Espejo en escritura:
 

De derecha a izquierda 
Como escritura hebrea
El corazón hacia la orilla (la inocencia)


De derecha a izquierda Moscona escribe este poema, lo traza como un cuadro, una pintura en blanco y negro, y encuentra en lo negro lo blanco y en lo blanco lo negro.

Y el comienzo coincide con el (casi) final del texto: las primeras dos páginas reaparecen posteriormente invertidas (de derecha a izquierda y de abajo hacia arriba). Y el poema completo se guarda entre dos páginas negras. Dos ventanas negras para poder ver "El negro en tornasoles".

Es la escritura poética como caligrafía (bella escritura), que se realiza en diversas superficies y con distintos materiales plásticos, como un lenguaje secreto que hay que aprender a descifrar. En Negro marfil, las ilustraciones creadas por Myriam Moscona (que a su vez son oscuras iluminaciones) también se leen (de derecha a izquierda), son parte del texto. Es este un libro para mirar y admirar.

Los versos se agrupan a veces en (dos y hasta tres) columnas, lo que marca el ritmo de la lectura:
 

Tinta escurrida en ida y vuelta la cosa y su contrario en dos rediles
negro-blanco.


 

 
 
   

Rupturas que nos hacen leer los blancos silencios de la página e interpretar lo no dicho o lo sólo sugerido con un giro, con un trazo.

Como ocurre en Vísperas, su anterior poemario, Moscona otorga a la poesía un carácter ritual, litúrgico. La escritura se asemeja aquí a la palabra sagrada. Es un "hablar en lenguas" del ojo y la mirada:

El ojo vuelva al norte
De las moradas blancas
Vuelva hablar en lenguas


Y más adelante:

Sólo el ojo y la conquista
de una lengua.


Es la síntesis perfecta, la coincidencia de los opuestos en un contracolor: Negro Marfil.

Todos estos recursos hacen de este poema-libro una obra singular. Uno de esos libros que uno quiere ojear y hojear a cada instante, gracias no sólo a su texto sino también a su buen diseño y propuesta editorial.

*Luis de la Peña Martínez es poeta y reseñista literario. Profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Coordinador editorial de Confabulario. Cuaderno de talleres. Imparte el taller Escribe con Nosotros en la Casa de la Primera Imprenta de América, de la UAM.