El científico ante los problemas nacionales

Entrevista con
Leopoldo García-Colin Scherer

* Manuel Hernández Rosales

¿Cómo se acerca el científico a los problemas nacionales, o importa acercarse a ellos?

Bueno, esa pregunta es terriblemente complicada de responder. Primero, ¿cuáles son los problemas nacionales? Me va a decir salud y pobreza, pero eso no tiene nada que ver con ciencia. Eso tiene que ver con una buena administración. De los grandes problemas tecnológicos nacionales sí podemos hablar. De ellos nadie ha intentado darles una cuantificación clara, primero, y segundo una prioridad.

De manera que cuando a uno le dicen cómo se acerca a los problemas nacionales, vamos a hablar entonces de los tecnológicos, que es a los que tiene acceso el principio científico, y quitamos el de la salud. La salud creo que más o menos se ha logrado resolver, aunque ciertamente todavía hay no sé cuántos millones de mexicanos que no tienen acceso a esos servicios.

Pero ese no es un problema científico, insisto, es más de optimización de recursos humanos, económicos y materia-les, hospitales, médicos. Los problemas tecnológicos del país, la conservación de bosques, uso y conservación de éstos, esos son problemas científicos: la explotación y aprovechamiento de recursos naturales renovables y no re-novables. Es un problema importante, y en eso incluyo la agricultura, la minería, el petróleo, el agua que escasea.

Esos problemas que todos sabemos que existen no forman parte de la educación de la población escolar. En vez de estarles enseñando cosas que no sirven para nada —como dónde nació Iturbide, que a nadie le interesa—, habría que presentarles planteamientos de esa naturaleza. México tiene un grado de erosión espantoso, es el país que pierde áreas boscosas a la mayor rapidez en todo el mundo. Es un país cuyas reservas petroleras no sabemos exactamente cuáles son, porque las han inflado a voluntad por cuestiones mercantilistas, etcétera.

A las personas se les debe hacer conscientes del problema del agua potable, por ejemplo. Ese problema es muy serio, terriblemente serio, sobre todo en la cuenca del Valle de México. ¿Quién sabe de eso? Sólo unos cuantos que se han dedicado a ello y el resto cree que todo funciona por arte de magia, que el gobierno o las administraciones se encargan de ir tomado medidas para ello. Eso no es cierto.

Entonces, el científico no se acerca a esos problemas simplemente porque no tiene una forma eficiente de hacerlo. Es decir, no se puede acercar a este problema y pretender aprenderlo todo, porque se va a pasar toda la vida tratando de hacerlo. Pero luego viene la indiferencia de la administración ante la presencia de gente calificada, técnicos y científicos, para tomar medidas adecuadas para saber cómo optimizar la cuantía de estos recursos. Creo que ahí está la falla.

Se lo digo porque yo estuve en el Instituto Mexicano del Petróleo siete años. A nosotros nunca nos plantearon un problema de investigación en Pemex. Tuvimos que adivinar.

¿Usted cree que los intereses creados sean los que no permiten que el científico...?

¡Ah, claro! De eso estoy convencido. En muchas de las industrias poderosas que están todavía en manos del gobierno los intereses creados son el principal obstáculo para que los científicos, es decir la infraestructura científica y tecnológica, puedan hacerse cargo. Y se lo digo por experiencia. Lástima que no tenga pruebas concretas, pero estoy convencido de eso.

Pongamos el caso del agua. En 1955 se hizo un estudio y con toda claridad se hablaba de la población máxima que podría tener este valle, para que se les pudieran dar los servicios adecuados en función de agua y lo demás. Eran diez millo-nes de personas. Es un estudio hecho y complicado.

En 1955 el gobierno lo sabía. La decisión de Uruchurtu no fue un capricho ni fue un acto político anti, o por enemistad o por fastidiar. Fue con base en un estudio.

Ahora somos veinte millones y el estudio se sigue ignorando. Entonces ¿de qué sirve? Le pongo un ejemplo que conozco superficialmente, no en sus detalles, pero sí estoy enterado de la existencia de ese estudio y de por qué Uruchurtu llegó a esa conclusión. Cuando lo hizo se echó a la mitad de la ciudad encima, sobre todo a los negociantes que eran especuladores de terrenos. ¿Y quién triunfó? Los intereses creados.

¿Cuál cree que sería la manera más apropiada de sembrar la semilla en las nuevas generaciones, para que aprendan rápido y les interesen los problemas reales del país? O ¿cuál cree que sería la semilla para que ellos fue-ran aprendiendo y asimilando los problemas reales?

La semilla sería partir de una enseñanza más realista de lo que es la ciencia en general. Vea: todos pasamos por la primaria y la secundaria, unos antes, otros después. Tengo un recuerdo muy grato de la forma en que pasé la primaria. La mayor parte de la gente, y hablo de mis hijos también, odian a muerte las clases que tienen que ver con matemáticas y físico-química. ¿Por qué? Porque les enseñaban un montón de cosas que implicaban:

 
Leopoldo García-Colin Scherer

 

 
 
a)  Aprenderse conceptos de memoria que ni ellos ni el maestro entendían.

b) El uso de un lenguaje archiespecializado para describir una serie de fenómenos que pertenecían prácticamente a la física o a la química del siglo pasado.

c) Un conjunto de recetas que solo servían para justificar la presencia del nombre de la materia en el currículum y nada más.

En ninguno de estos casos se toma en cuenta el hecho de que un porcentaje muy alto de gente que llega a la preparatoria no va a ser científico. Entonces lo que hay que hacer es enseñarles una ciencia más interesante. Es decir, que el niño aprenda qué es la ciencia, no cómo se hace la ciencia, para qué sirve la ciencia, qué ha hecho. Sus aplicaciones...

Sus aplicaciones. Que nos enseñen respecto del cosmos, sobre los océanos. Hacerles ver que la ciencia es interesante, es ágil; hacerles ver que pueden hacer cositas en la ciencia, a su nivel, desde leer cosas elementales, tratar de hacer pequeños escritos y no estarlos atiborrando de conceptos que a lo mejor nunca van a usar.

Luego proporcionarles una herramienta matemática, no con la idea de decirles:  “Mira, tienes que aprender esto porque si no...”

¡No! Porque es una disciplina mental que primero es formativa. Y luego hacerle ver a través de ejemplos muy simples que eso de alguna manera puede estar conectado con aplicaciones, es decir, con la solución de algunos problemas simples en los campos técnico y científico.

Hay que hacer eso en lugar de tomar como plataforma de actividades lo que pasa en Estados Unidos o Europa. En cambio, la plataforma de actividades debe ser el estado de la ciencia y la tecnología en México, los problemas de México que acabo de mencionar.

En una forma natural, muy amena, simple, empezaría usted a inculcarle a estos niños primero el interés por la ciencia, y segundo el interés —o por lo menos el conocimiento— sobre cuáles son los problemas que nos afectan.

Eso no se hace y no se quiere hacer porque cuesta mucho dinero. Habría que cambiar el modo de pensar de todos los profesores. Tirar todos los libros de texto actuales a la basura, porque son una porquería, no sirven para nada.

Acabo de leer el de física y es sinceramente un vomitivo. Hay que ponerse a escribir cosas... Creo que ni siquiera se tendría que empezar a escribir, bastaría con utilizar muchos de los libros que ya existen en castellano.

Quizás en la primaria no, pero de la secundaria para arriba el muchacho podría ir adquiriendo el conocimiento sobre qué es la ciencia, cuáles son sus alcances, cuáles sus limitaciones, y no estar memorizando la fórmula del ácido sulfúrico, que a lo mejor va a hacerlo indirectamente a través de esas lecturas.

Y si no lo va a hacer, tampoco importa. Porque si va a estudiar para ser administrador de empresas, ¿para qué quiere la fórmula del ácido sulfúrico? El que lo va aprender,  lo va a hacer cuando tenga la madurez y la base necesarias y lo va a aprender en dos minutos, que será en la licenciatura.

Eso es lo que hace falta en México.  Yo lo haría y lo he hecho 20 veces con grupos piloto. Agarraría por ejemplo zona centro, zona tal... tantas primarias, tantas secundarias... Primarias no sé, es muy difícil, porque hay mucha gente. Secundarias… Vamos a tomar de 50 secundarias a 100 alumnos.

Los que no tengan dinero se les da una beca. A los que tengan aptitud, interés y curiosidad por la ciencia los metía en un programa especial y vamos a ver al cabo de ocho años cuál sería el resultado. Y luego lo vamos haciendo cada vez mas industrial.

   
¿Por qué cree que el arte en México esté más justificado que la ciencia?

El impacto más grande que hubo en el país fue a través de su arte, fue lo primero que se percibió. En la época de la Colonia lo que más impacto causó a los españoles fue el arte precolombino. Era la manifestación abierta del talento de las culturas, a pesar de que había mucha ciencia aquí.

Los mayas eran excelentes astrónomos y matemáticos, por ejemplo. Pero de alguna manera eso se ocultó. Por el tipo de mentalidad, los conquistadores no le dieron la importancia  que debieron. Simplemente se perdió.

¿Y qué sobrevivió? Pues la literatura, la música y el arte:  pintura, escultura, etcétera. Es lo más directamente asimilable por los sentidos, tanto para los que vienen de fuera y lo ven —estoy hablando de los que conquistaron aquí—, como para la propia gente que siguió desarrollando ese tipo de actividades.

Acuérdese que la conquista ocurrió en una época muy cercana a la Inquisición, en la época del oscurantismo de la Iglesia católica, del oscurantismo intelectual. Entonces toda actividad científica era muy cuestionada, no tenían por qué ensalzar logros científicos cuando lo que realmente les preocupaba es que la ciencia no fuese a tener un conflicto muy serio con los intereses de la Iglesia católica.

Creo que es un problema cultural, que está arraigado desde hace más de 500 años. Pero no le echemos la culpa a las civilizaciones que estaban aquí, porque ellos sí tenían logros científicos. Los logros en astronomía y matemáticas eran enormes.

Curiosamente durante la Colonia la tecnología minera se de-sarrolló notablemente en México. Parece que aquí se idearon procesos de minería que fueron muy famosos, porque en la explotación de las minas había que hacerlo en la forma más eficiente posible.

Luego se dejaron de explotar esas minas y se olvidó. Se apagó o lo apagaron por diferentes razones. Ése es mi punto de vista. Quizá los historiadores tengan una visión más clara de por qué ocurrió esto, pero lo dudo.

¿Y cómo le hace un científico mexicano para sobrevivir?

Mire, hoy la situación no es tan mala...

Hablo más que de los recursos económicos, del medio que lo rodea.

La ciencia en México es muy joven, tiene 60 años; ni eso, vaya. Menos de 50 años. Y casi toda está dictada por las normas internacionales. Era lo que decíamos antes: los científicos mexicanos en realidad se han volcado a problemas dictados por la moda internacional, por la corriente internacional de la ciencia, no por la necesidad que hay en México, porque la sociedad mexicana les haya planteado verdaderos retos a resolver que puedan requerir del método científico o de la tecnología para resolverse en beneficio del país.

Creo que ahí ha habido una falla enorme. Eso no quiere decir que no haya la ciencia general basada en los problemas digamos de tradición científica actual en el mundo, pero no es la única ciencia. La otra, que es la que debería ser la más importante, es la que nunca se ha motivado.

Entonces qué pasa: que todos trabajamos en cosas que no tienen nada que ver con problemas nacionales, y los que hemos intentado acercarnos a problemas nacionales nos han dado de palos.

*Manuel Hernández Rosales es físico por la Universidad Nacional Autónoma de México y candidato a maestro en física por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.