Ofelia Márquez, Incoherencias 
* Teresa del Conde 
or qué la pintora que ahora exhibe en uno de los prestigiados espacios de la UAM ha dado este título a su actual exposición? Sin ánimo de contradecirla y, al mismo tiempo, sin darle del todo la razón, voy a aventurar una breve respuesta que es la siguiente: ella ha venido explorando en su pintura las múltiples y abiertas posibilidades de la abstracción lírica, pero al mismo tiempo "admite", y con propósito asumido, figuras en algunas de sus composiciones. Para la mayoría de los pintores abstractos esto es sacrilegio. Creo que no lo es en su caso, porque al ver sus cuadros se percibe que las imágenes reconocibles se le imponen, les da la bienvenida porque las quiere, varias tienen que ver, de algún modo, con el amor que experimenta por el arte y las culturas de mesoámerica, otras reviven viejos ritos y mitos clásicos, pero en ningún caso se trata de trasposiciones y ni siquiera de glosas, son, si se me permite el término, precisamente "abstracciones" de elementos que le han suscitado gran interés a lo largo del tiempo. Además de pintora y grabadora reconocida incluso cuando aún no terminaba sus cursos en La Esmeralda, Ofelia ha estudiado filosofía náhuatl, se ha interesado por la pedagogía, hizo estudios suplementarios en mitología e iconografía en Francia y con ahínco logró obtener una maestría en la ENAP. Eso indica lo siguiente: no se ha conformado con ejercer sus oficios y con manifestar sus dotes creativas, también ha querido crecer en su formación humanística, cosa que redunda en lo que realiza en el campo de las artes. 
   
 
 
En 1991 el Museo de Arte Moderno organizó una muestra que congregó a pintores abstractos de las recientes generaciones, Ofelia Márquez no estuvo en ella porque no se había involucrado con la solidez y la "sonrisa de factura" de la que hace ahora gala, en los vericuetos mil que ofrece la no-figuración. Voy a hacer el intento, en pocas palabras, de describir qué es lo que entiendo por eso: Los pintores que llamamos "abstractos" no se la pasan prohibiéndose cosas, lo que hacen es rehuir los conatos de mimesis. Esta palabra viene de un término en el que no pensamos lo suficiente, "mimo", el que imita los movimientos de otro. Por lo menos ése fue el sentido que tuvo en la Grecia clásica, donde el arte, fuere escultórico que pictórico, tendió siempre a la mímesis, es decir, a la imitación de lo real, con todo y los conocidos procesos de idealización que conlleva la persecución de "lo bello", como meta.  

La belleza de la pintura abstracta es autorreferente. Y eso es lo que sucede con los cuadros de Ofelia en los que no incurren las figuras. Decir que "nada representan" sería un error, porque aún en los más despojados de apariencias, hay representación, de atmósferas, de accidentes, de elementos que parecieran encontrarse entresacados de un contexto más amplio. Si fotografiásemos con un gran angular el fragmento de una pintura de Renoir, y lo mandásemos amplificar, el efecto sería muy similar al de una pintura abstracta, aunque la composición completa diste de encontrarse en esa situación.  

A mí me producen ese efecto las pinturas abstractas de Ofelia Márquez. Por voluntad de ella misma son "impresiones", algunas parecen ráfagas, la brocha o el pincel se ha movido con destreza por las superficies, siguiendo diferentes direcciones. Otras son como paisajes borrosos diluidos en la bruma, en unos más hay efecto de lluvia, acentuada cuando se convierte en chorreados que parecen deslizarse por anónimos muros. 

   
 
 
He dicho que hay "apariencias" en algunas de sus pinturas. El método pictórico, la impronta, la factura, es similar al de las composiciones abstractas, lo que cambia es que hay figuras plantadas en ellas, especies de representaciones de la representación. Por ejemplo, hay una en la que aparece un centauro flanqueado por dos figuras. Se trata de un centauro que a su vez viene de otro centauro que ya antes había sido pintado o esculpido. En otra hay una mujer con cara de pájaro que tiene los brazos hacia adelante, parece dar la bienvenida a unos seres entre reptiles, batracios y peces que avanzan hacia ella en actitud amenazante, sus lenguas son viperinas y tras esas figuras es perceptible la pinta de un hombre visto de espaldas. A esas composiciones las bautiza con nombres mitológicos, como Diana y la hidra. Un cuadro en apariencia casi abstracto se titula Prometeo encadenado. Algo que es muy notorio en esta pintora, es su manejo del color, siendo sutil, no se reduce a las tierras, blancos, ocres, grises, negros que privilegian -y con muy buen sentido- varios pintores abstractos. La mayoría de los cuadros de Ofelia son muy coloridos, pero se ve que sus orquestaciones cromáticas están muy bien pensadas, pues en ningún caso hay efectos de estridencia, hay, sí, la intención patente de hacer lucir las áreas colorísticas acentuando su luminosidad y empleando los complementarios. O bien monocromías orquestadas como si fueran arpegios, como ocurre en Odiseo y el cíclope.  

Ofelia Márquez Huitzil es de la misma generación que Roberto Turnbull, Boris Viskin, Luciano Spano, Laura Anderson, Renato González y Gustavo Monroy. No obstante, cuando muy joven ofreció convergencia en La Esmeralda con pintores algo mayores que ella, como Francisco Castro Leñero e Irma Palacios. 

   
 
 
   
 
  
*Teresa del Conde (ciudad de México, 1939) es maestra en historia del arte y doctora en historia por la UNAM. Fue directora de Artes Plásticas del INBA (1982-1987). Gracias a una beca de la Fundación Guggenheim realizó una investigación sobre las ideas estéticas de Freud. Ha escrito diversos libros sobre artes plásticas. En la actualidad es directora del Museo de Arte Moderno.