Desencanto y psicología social: las cloacas de un pasado común
* Juan Soto Ramírez 
 

Haz que todos sientan 
miedo y te consumirán.

Marilyn Manson

La psicología y lo feo del mundo contemporáneo

Por mucho tiempo la psicología se ha encargado de lo feo. Lo feo es aquello que no tiene capacidad de producir deleite al espíritu. Y cosas feas en la vida hay muchas, como el abuso, la violación, los celos, la envidia o el poder. Y en la psicología hay bastantes cosas feas. Basta acercarse un poco a la disciplina para darse cuenta de ello. Es decir, no se requiere ser un erudito en la materia para notar que, desde hace tiempo, quizá sea inútil decir cuánto, la psicología se ha encargado de lo feo: traumas, frustraciones, incapacidades, deficiencias, limitaciones, etcétera. Basta echar una ligera mirada al programa de este o cualquier otro congreso para tener una idea muy general de lo que estoy diciendo. A los psicólogos parece no bastarnos con la crudeza de la realidad para hacerla más cruda. De alguna forma estudiamos esa parte de las formas de vida de las personas, los grupos, las instituciones y las sociedades.

Si imagináramos un mundo sin psicología el mundo sería más cómodo, menos feo y más artístico. ¿Quién en estos momentos estaría luchando contra su neurosis, su incapacidad aprendida o sus adicciones? Nadie. Sin embargo, parece que a los psicólogos nos gusta encontrarnos con lo feo del mundo. La psicología en general, y cualquiera de sus ramificaciones, carece de una condición estética. Para hablar de lo bello la psicología parece necesitar de lo feo.

Los psicólogos somos esos extraños seres que nos encargamos de estudiar la cara no iluminada del ser. No es fortuito que los anaqueles de las universidades se llenen con tesis sobre el aborto, la violación, el consumo de drogas, la prostitución infantil (sólo por mencionar algunos temas manoseados por los psicólogos). Baste a cualquier persona dar un paso atrás para darse cuenta de que entre la psicología y el amarillismo académico o periodístico existe una distancia muy corta. ¿Será que los psicólogos, a diferencia de otros profesionales, no podemos mirar la realidad de otra manera? Parece que no. No importa que la psicología sea clínica, social, infantil, industrial o del trabajo, de alguna manera se encargará de lo feo, porque parece ser que la psicología ha olvidado el estudio de lo bello. Incluso las psicologías de las emociones o los sentimientos siempre terminan por encontrarle el lado oscuro a eso que estudian.

A la psicología le hace falta mirar lo bello, porque ser psicólogo no implica moverse exclusivamente en los oscuros terrenos del ser. A la psicología le hace falta reconocer lo bello del mundo, pero no hacerlo vende bien. Parece ser que mientras más feo sea el tema del que se encargue, más poder de convocatoria tiene. Pero aunque la psicología se encarga de lo feo, se encarga de las fealdades tradicionales del mundo psicológico. Es decir, no todas las fealdades de la psicología son iguales. Digamos que hay fealdades, en el horizonte psicológico, de reciente aparición.

En 1997, por ejemplo, se identificaron públicamente, en México, comunidades religiosas con características similares a las de las sectas Heaven´s Gate y Templo Solar. Los medios de comunicación de nuestro país dieron una cobertura singular, como nunca antes, a los suicidios colectivos que en dicho año se llevaron a cabo en distintas partes del mundo (Erdely, 2000, p. 7). Los suicidios colectivos religiosos se anunciaron ampliamente como rituales de fin de milenio. El desencanto y el miedo de una catástrofe global entraron con fuerza en los medios a fines del siglo xx.

Un simpático estudio realizado en California (Zimmer, 1985) reveló que la estrecha relación de las personas con la ciencia ficción y el misticismo, la alienación y la adopción de creencias marginales y desviantes, así como la infelicidad, las desilusiones, la angustia y el estrés, por ejemplo, podían llevar a ciertas personas a desarrollar creencias un tanto "extrañas". A partir de dicho estudio se generaron tres tópicos interesantes de reflexión: la teoría de las realidades alternas o alternativas, la teoría del rechazo cultural y la teoría de los disturbios psíquicos. Dicho estudio, realizado hace ya casi 20 años y cuyo autor no es tan conocido como muchos otros psicólogos sociales, describe muy bien el espíritu de desencanto que se respira aún en esta época. La creencia en realidades alternas, el rechazo cultural y los disturbios psíquicos son tópicos que permiten hacer una lectura rápida del mundo social contemporáneo.

De la realidad a la ficción

En la calle de Salvador Novo 105, colonia San Jerónimo, en Monterrey, el martes 29 de enero de 2002 Julio Castrillón Escobar terminó con la vida de Ana Nassar Campos de dos golpes en la cabeza con una pesa para ejercitar los bíceps: uno en medio de los ojos y otro en la boca. Después de provocarle una contusión profunda en el cráneo, Julio fue por un cuchillo y lo hundió tres veces en el cuerpo de Ana. El hijo de Julio Castrillón Valdez, ex diputado del Partido Acción Nacional (pan), fue internado en el Consejo Tutelar de Menores hasta el jueves por la mañana. Los padres de Ana la reportaron como desaparecida ante la policía judicial el miércoles por la mañana. Julio contó todo a un psiquiatra como si hubiese sido un sueño, e incluso a la mañana siguiente del asesinato fue a tomar clases a la escuela donde cursaba la preparatoria. Los intentos por evadir a la policía, el miércoles, resultaron infructuosos. Julio tuvo que mostrar la caja en donde se encontraba el cuerpo de Ana en posición fetal.

Ana y Julio se habían conocido a través de la internet y luego en persona. Según los testimonios de los cercanos a ellos la amistad entre Ana y Julio era algo "extraño" pues eran muy diferentes. En el ciberespacio Julio utilizaba un curioso nickname: Iori. De seguro en alusión a un personaje singular: el Noveno Dragón.1 Iori Yagami es un personaje de un videojuego que tiene una novia a quien no ama, se gana la enemistad de sus amigos y tiene una banda de rock. Yagami es un asesino violento que utiliza un arma llamada almádena, un mazo que rompe los corazones de las piedras. Julio, como Iori, se teñía el cabello de rojo. Durante su paso por la escuela secundaria Julio se había ganado una suerte de reputación por su extravagancia: coleccionaba imágenes de héroes oscuros, inhalaba sustancias, consumía pastillas y alguna vez se llegó a provocar heridas en los brazos bajo el argumento de que sería médico en el futuro. Como muchos de nosotros sentía simpatía por la música de Limp Bizkit, utilizaba una laptop y le gustaban los videojuegos, en especial los de contenidos violentos.

¿Los videojuegos influyen en el comportamiento de las personas asiduas a éstos o sólo se trató de un caso excepcional? No sabemos hasta dónde los videojuegos pueden influir los comportamientos de las personas. Ciertamente una buena cantidad de psicólogos, sociólogos y comunicólogos, sobre todo, se han preocupado por estudiar el tema de la relación entre los contenidos de los videojuegos y los comportamientos de las personas; no obstante, es difícil tratar de determinar el poder de influencia que tienen estos materiales sobre sus usuarios. Afirmar que Julio asesinó a Ana bajo la influencia del cómic sería como decir que quienes montan caballos lo hacen porque El Llanero Solitario también lo hace.

No sabemos si en verdad Iori ejerció influencia sobre Julio. Baudrillard dijo alguna vez que la realidad había sido expulsada de la realidad. Que sólo la tecnología sigue, tal vez, uniendo los fragmentos dispersos de lo real y que una de las incógnitas que quedan es saber hasta qué punto puede desrealizarse el mundo antes de sucumbir a su excesiva escasa realidad, o a la inversa: hasta qué punto puede hiperrealizarse antes de sucumbir bajo el exceso de realidad, es decir, cuando, convertido en absolutamente real, convertido en más verdadero que lo verdadero, caiga bajo el golpe de la simulación total (1995, p. 15).

"Too much blood"

Los amantes de los Rolling Stones deben saber que en 1983 en el álbum Undercover se incluyó una canción titulada "Too much blood" ("Demasiada sangre"), escrita por M. Jagger y K. Richards. Uno de sus párrafos dice:

A friend of mine was this Japanese. He had a girlfriend in Paris. He tried to date her in six months and eventually she said yes. You know he took her to his apartment, cut off her head. Put the rest of her body in the refrigerator, ate her piece by piece. Put her in the refrigerator, put her in the freezer. And when he ate her and took her bones to the Bois du Boulogne, by chance a taxi driver noticed him burying the bones. You don't believe me? Truth is stranger than fiction. We drive through there every day.
(Un amigo mío era el japonés. Él tenía una novia en París. Durante seis meses él intentó salir con ella y de pronto ella aceptó. La llevó a su apartamento, le cortó la cabeza. Puso el resto de su cuerpo en el refrigerador, se la comió a pedazos. La puso en el refrigerador, la puso en el congelador. Y cuando se la comió, tomó sus huesos y los dejó en la Bois du Boulogne, pero un taxista, por casualidad, lo descubrió enterrando los huesos. ¿No me creen? La verdad es más extraña que la ficción. Al parecer siempre nos dirigimos hacia ella [a lo extraño de la realidad]).


La canción está inspirada en Issei Sagawa, El Caníbal Japonés. El 14 de junio de 1981 (Hennig, 1996, p. 58) Sagawa le disparó en la cabeza a Renee Hartevelt, una estudiante holandesa a quien conoció en París. La cortó en pedazos, tuvo sexo con su cuerpo y se comió ciertas partes durante los siguientes dos días. Al ser encontrado "incompetente" para sostener un juicio, fue llevado al asilo Paul Guiraud. Por ser hijo de un japonés adinerado, fue transferido a un hospital en Tokio, donde estuvo quince meses y después obtuvo la libertad. 

Sagawa escribió un libro titulado In the fog (En la niebla) donde describe, entre otras cosas y de manera detallada, lo que hizo con el cuerpo de Renee después de muerta: 

Hay un fuerte sonido, su cuerpo cae de la silla al piso. Parece como si me estuviera viendo. Veo sus mejillas, sus ojos, su nariz, su boca, la sangre sale de su cabeza. Trato de hablar con ella, pero no responde. Hay sangre por todo el piso. Trato de limpiarla, pero no puedo detener el fluido de su cabeza. Todo está muy callado. Existe sólo el silencio de la muerte. 


Sagawa sigue: 

Comienzo a quitarle la ropa. Finalmente está hecho. Su hermoso cuerpo blanco está delante de mí. He esperado tanto este día y ahora está aquí. Le toco el culo, es muy terso. Pienso dónde morder primero. Decidí morder su culo. Mi nariz está cubierta con su fría piel blanca. De pronto tengo un horrible dolor de cabeza. Tomo un cuchillo de la cocina y lo clavo profundamente en su piel.


Jûrô Kara, escritor japonés, mantuvo correspondencia con Sagawa cuando estaba en la cárcel en París y publicó, en 1983, La carta de Sagawa, obra que fue galardonada con el Premio Akutagawa, la más alta distinción literaria japonesa. En una carta que Kara envió a Sagawa se puede leer: "sé lo que es ser mirado por encima del hombro por ciertas mujeres extranjeras. Pero la única que puede conmoverle es la mujer blanca, hasta el punto de que para sus ojos sólo existe ella" (Kara, 1983, p. 27), reflexiona sobre un aspecto que para muchos no deja de llamar la atención: "En realidad se trata de la `fantasía del blanco' para los japoneses. De la búsqueda de la raíz de la atracción por la mujer extranjera, por la piel blanca, a través de las generaciones anteriores, desde los tiempos de Shirô Amakusa hasta la época en que Perrydesembarcó en el Japón", más o menos desde 1637 hasta 1853. Es cierto que cada cultura tiene sus fantasías.

El psicólogo J. Flügel fue el primero que propuso una teoría de las "zonas erógenas cambiantes", según la cual las partes del cuerpo femenino que se consideran excitantes se van descubriendo y alternando de forma sucesiva y ordenada. La característica elegida no necesita tener ninguna conexión natural con la sexualidad: a los hombres de mediados de la época victoriana les entusiasmaban los hombros rellenitos, blancos y caídos; en la década de 1900 se producía una agitación tremenda por vislumbrar un tobillo bien torneado; en los treinta la espalda era un foco de atención erótica (Curie, 1992, p. 281). De acuerdo con esta teoría, las modas anatómicas son arbitrarias y los cambios son propiciados por la excesiva familiaridad con ciertas partes del cuerpo. 

El interés por el vientre redondeado en la época medieval podría estar asociado con los altos niveles de mortalidad; el gusto, en las décadas de los 20 y los 30 del siglo xx, podría estar asociado al regocijo de la nueva movilidad femenina que se había liberado del corsé; la exposición de los senos en la década de los 70 del siglo xx podría estar asociada a un renovado interés por el amamantamiento; el uso de transparencias podría estar asociado a la apertura sexual o a una sexualidad renovada. Y así sucesivamente. 

No podemos saber con exactitud hasta dónde la fantasía del blanco orilló a Sagawa a comerse a Renee. Lo cierto es que Sagawa

no probó todas las partes del cuerpo de ella. No comió vísceras, por ejemplo. A diferencia de sus partes íntimas. Algo que destaca Jean-Luc Hennig en Breve historia del culo es que Sagawa comenzó a comérsela por el glúteo derecho. En el libro In the Fog puede verse que sus partes íntimas fueron las que probó al último: "Finalmente corto sus partes íntimas. Cuando toco el vello del pubis, me percato de que tiene un mal olor. Muerdo su clítoris, pero no se desprende, sólo se estira. Lo pongo en la sartén y después en mi boca. Lo mastico cuidadosamente y lo trago. Es muy dulce". 

Más adelante escribió: 

Decido sacar su estómago. Cuando apuñalo bajo su ombligo, un poco de grasa aparece y después puedo ver su carne roja bajo la grasa. Rebano una parte de carne roja y la pongo en un plato. Después apuñalo el estómago. Los órganos internos aparecen. Hay grandes tubos largos enrollados y encuentro una bolsa gris al final de los tubos. Debe ser la vejiga. Aparece un fuerte olor tan pronto como la levanto. Introduzco mi mano en la cavidad de su cuerpo. Ahí hay otra bolsa. Debe ser su matriz. Si ella hubiera vivido, ella hubiera tenido un bebé en esta matriz. El pensamiento me deprime por un momento.
En Japón Sagawa llegó a convertirse en una celebridad. Ha escrito libros y colaboraba en un periódico. Frecuentemente apareció en televisión y llegó a mostrar en videos cómo había matado, cortado y comido a Renee. Sagawa afirmó que la única forma de reivindicarse y que le gustaría que sucediera sería ser comido por una mujer joven. Sagawa ha afirmado: "el público me ha hecho el padrino del canibalismo y estoy contento, feliz con eso".

Vendiendo violencia

El término Serial Killer, o asesino en serie, fue creado en 1970 por un agente del fbi llamado Robert Ressler (Aviña, 1996, p. 13) para describir a una persona cuya conducta criminal es repetitiva, como si se tratase de un serial televisivo: los hechos, personajes y situaciones son variaciones de un mismo tema, los cuales llevan al criminal a repetir (e incluso a perfeccionar) un método con extremo sadismo y perversión: un nuevo tipo de asesino que empezaba a proliferar de manera vertiginosa y que mataba una y otra vez de manera prácticamente gratuita. 

Es claro que el término asesino en serie fue acuñado tardíamente pues "asesinos en serie", tal y como los conocemos hoy en día, operaban desde el siglo xix. No obstante, la excelente película de Fritz Lang M (1931) inauguró el tema del asesino en serie en el cine, retomando hechos verídicos (idem, p. 32). A partir de esta cinta en el cine se propagó un extraño furor por los asesinos en serie. No deja de llamar la atención la forma en que son presentados en la pantalla, pues por lo regular se hace alarde de sus grandes niveles de inteligencia para burlar la ley o hacerse de sus víctimas. Los asesinos en serie son presentados como una extraña suerte de héroes despiadados cuyo comportamiento puede entenderse a través de sus infancias maltrechas cuyos historiales alojan experiencias de maltrato, ruptura familiar, consumo de alcohol y drogas, violaciones, etcétera. 

La lista es larga, pero nombres como Peter Kürten, Raymond Fernández y Martha Beck, John Reginald Christie, Albert DeSalvo, Henry Lee Lucas, Keneth Bianchi y Angelo Buono, Richard Ramírez, Charles Manson e Issei Sagawa han pasado a formar parte de la enciclopedia criminal de la humanidad. Se han convertido en ídolos criminales. Tanto sus asesinatos como sus vidas han llamado la atención de especialistas y curiosos. De alguna manera los medios masivos de información se han encargado de difundir sus "hazañas" y han generado una industria bastante rentable, sobre todo en el cine e internet.

Libros, revistas, videos, películas, enciclopedias, diarios, etcétera, se han encargado de difundir, de una u otra manera, los crímenes y actos violentos de una infinidad de personalidades de la farándula de asesinos. En torno al crimen, la violencia y los asesinatos se ha construido una gran industria de mercado. En el centro de todo esto encontramos al denominado cine snuff.

El cine snuff 4 parece no ser más que un mito que sostiene un conjunto de fantasías o mitos colectivos en torno a la muerte y la violencia reales, registradas en una cinta de video. No obstante, los especialistas parecen coincidir en que no es más que una suerte de "leyenda urbana". Filmes como Tesis u 8 mm parecen ser la caricatura más comercial de estos imaginarios colectivos. En 1974, en Argentina, Michael y Roberta Findlay rodaron una cinta, de lo que he denominado horror de ficción, titulada Snuff. En la película se proyecta un asesinato que se hace pasar como real. Después de ésta vinieron Shocking Asia (1974), de Emmerson Fox; Le facce della morte (1978), de Connan Le Cilatre; Holocausto caníbal (1979), de Ruggero Deodatto; Chernobyl post mortem (1987), anónimo; y la célebre Guinea Pig (1990), de varios autores japoneses. 

A estas realizaciones cinematográficas debemos sumar un conjunto de documentales en los que se muestran escenas reales obtenidas de determinadas prácticas culturales en regiones muy específicas del planeta y que van desde circuncisiones hasta ablaciones, por poner algunos ejemplos. En esta lista encontramos Mondo cane y Adiós África (1976), de Gualtiero Jacopetti; Hombres salvajes, bestias salvajes (1975), de Antonio Climati, etcétera. 

El éxito de las cintas de horror de ficción consiste en que las escenas son presentadas como si fuesen reales y tienen una apariencia semidocumental que les imprime un sello característico que termina por alarmar a diversos sectores sociales. Lo cierto es que el horror de ficción no se consigue fácilmente en cualquier video club. Hay que acceder a ciertos círculos underground para hacerse de algunas cintas, situación que hace parecer todavía más macabro este tipo de cine. 

En cintas como Devil´s experiment (1986), la primera parte de la serie Guinea Pig, se muestran múltiples formas en las que una mujer es torturada por tres hombres. La cinta termina con el asesinato de la mujer. La segunda parte de la serie, Flowers of Flesh and Blood, muestra cómo una mujer que es perseguida y capturada por un extraño samurai es mutilada lentamente en un camastro improvisado en algún lugar lúgubre. Ambas películas se presentan como si fuesen reales, pero no lo son. 

Las cintas despertaron el fantasma del horror en varios países, a tal grado que en 1994 un abogado en Amsterdam puso una denuncia creyendo que todo era real. Para librarse de las acusaciones, los productores de Guinea Pig tuvieron que presentar en la corte a la mujer viva, dirimiendo cualquier duda al respecto sobre la autenticidad del filme. No obstante, muchos ingenuos siguen creyendo que, al menos, las dos primeras cintas son reales. 

En Inglaterra arrestaron a Christopher Berthoud, de 26 años, por introducir al país una copia de Flowers of Flesh and Blood, que también incluía Infant Brain Surgery y Faces of Dissection. La fiscalía declaró que el asesinato que aparecía en Flowers of Flesh and Blood no era real, pero que había sido creado para que diera esa impresión. La policía encontró una gran cantidad de películas y documentales sobre asesinos seriales en la casa de Berthoud. Al final la corte le impuso una multa por importar un video como ese.

No obstante, a fines de 1988 Tsutomo Miyazaki, de 27 años, comenzó a secuestrar y asesinar niñas de entre cuatro y siete años. Fue capturado en julio de 1989 cuando intentaba atrapar a su quinta víctima. La policía descubrió que la colección de películas de Miyazaki constaba de alrededor de 6,000 videos entre los que predominaba el hentai (animación pornográfica) y el gore. Miyazaki, en sus crímenes, había recreado escenas de sus películas favoritas, incluyendo Flower of Flesh and Blood. Esto provocó un escándalo en Japón. Los medios cuestionaron el nivel de violencia del entretenimiento japonés y el gobierno de Tokio consideró la posibilidad de ejercer algún tipo de restricción en este tipo de material. Hay que señalar que Guinea Pig y sus creadores no fueron culpados por las acciones de Miyazaki. Lo que se puso en tela de juicio fueron los valores de la sociedad japonesa y no el contenido de una serie de videos.

El criminal de los mass media

En México Gregorio Cárdenas Hernández, mejor conocido como Goyo Cárdenas6 o El Criminal de Tacuba, pasó a ser un personaje reconocido de la farándula de asesinos nacionales. A más de sesenta años de ocurridos los asesinatos llevados a cabo por él, la cantidad de materiales que se han producido en torno a los acontecimientos que tuvieron lugar en la calle de Mar del Norte, de la colonia Tacuba, han sido numerosos. Por asesinar a Virginia Leal, Gabina González, Graciela Arias y una más de la cual desconozco el nombre, Goyo Cárdenas estuvo preso en El Palacio Negro de Lecumberri7 y también visitó el psiquiátrico de La Castañeda. 

Durante su estancia en prisión escribió tres libros: Celda 16, Pabellón de locos y Una mente turbulenta. Antes de morir, en 1999, don Goyo logró titularse como abogado y llegó a litigar. En 1942, año de los asesinatos, se generó un debate muy interesante en nuestro país que giraba en torno a la salud mental del homicida, su personalidad y su imputabilidad. Alfonso Quiroz Cuarón (médico y escritor forense, criminalista y criminólogo destacado de nuestro país)8 escribió un libro titulado Un estrangulador de mujeres, en el cual se recogieron múltiples dictámenes médicos sobre Goyo Cárdenas. Los homicidios múltiples de Cárdenas convocaron a numerosos especialistas de diversas disciplinas del país. En el seno de la Sociedad de Neurología y Psiquiatría de México se abrió un largo debate sobre el estado de la salud mental de Cárdenas.

Como es de suponerse, el carácter criminal de Goyo Cárdenas se rastreó en sus antecedentes hereditarios. Se advertía, por ejemplo, que el padre de Goyo "sufrió" de jaquecas hasta los 31 años y que era importante tomar en cuenta este hecho pues no era normal que alguien padeciera jaquecas hasta esa edad. De la abuela materna se decía que tenía rasgos de personalidad explosivos del tipo temperamental. De dos de sus hermanas se afirmó que tenían padecimientos epilépticos y que la enuresis (orinarse en la cama) del criminal estuvo presente hasta los 18, unido a los denominados pavores nocturnos. 

Se llegó a reportar que Goyo Cárdenas padeció de pesadillas angustiosas, cefaleas y vértigos, y que durante su vida consultó con frecuencia a numerosos médicos. Se dijo también que padecía reacciones depresivas aunque llevaba una vida de trabajo activo y en apariencia normal.9 Los asesinos en serie se han convertido en un producto de los mass media. Nadie puede negar, el día de hoy, que ya son parte de la cultura popular (Vidal, 2003).

El caso Goyo Cárdenas resulta interesante por varias razones: la primera es porque inauguró no sólo una lista interminable de debates sino, probablemente, los multihomicidios en nuestro país; la segunda es porque puso en el centro de los debates, en México, la cuestión de la inimputabilidad penal,10 lugar donde convergen la medicina y el derecho, es decir, donde se emprende el "juicio de la mente"; la tercera es porque Goyo Cárdenas se convirtió en una celebridad en la sociedad mexicana, en torno a su vida se han escrito libros, se han filmado documentales y películas y se han montado obras de teatro, por ejemplo; la cuarta es porque logró salir libre y fue aplaudido por los priístas en la Cámara de Diputados cuando fue presentado como una persona rehabilitada.11

Vámonos de putas

La película de José Estrada El profeta Mimí (1973) llevó a la pantalla el caso de un personaje quien había quedado marcado de por vida al ver a su padre tener sexo con una prostituta, situación que de acuerdo con la trama le había llevado a asesinar "mujeres de la vida galante" en su edad adulta. La única mujer que él ama, debido a su condición pura, para escapar de la pobreza se vuelve prostituta. 

La película es pésima, pero en el filme podemos encontrar varios elementos centrales para la discusión: primero, que las víctimas del homicida son mujeres y ejercen el oficio de prostitutas; segundo, que se trata de un victimario que se convierte en víctima de su pasado; tercero, que se trata de un multihomicida. La cinta deja ver algunas cuestiones interesantes a pesar de su ínfima calidad, entre otras: el miedo y el odio hacia las mujeres y la sexualidad femenina. Situación que no es nueva, digamos, en las narrativas cinematográficas en donde constantemente convergen todos aquellos elementos que hacen posible la iconografía de la "misoginia cultural". El profeta Mimí fue la caricatura de Goyo Cárdenas.

La escena pública de la ciudad de México entró en un proceso de erotización interesante a partir de los años 30 del siglo XX, gracias a la aparición de revistas entre eróticas y pornográficas, gracias al surgimiento de teatros que presentaban algunos espectáculos donde se mostraban cuerpos desnudos o semidesnudos y al cine de rumberas. El endurecimiento de las normas morales y la aparición de leyes que tendían a la prohibición de espectáculos de desnudismo y la circulación de materiales eróticos y pornográficos también contribuyeron a su difusión. Las casas de masajes no fueron la excepción, pues tuvieron una gran aceptación en algunos sectores de la población. Las clases en el poder y los allegados a éstas fueron los primeros sectores sociales en gozar abiertamente de estas nuevas ofertas culturales provenientes de Francia. Mientras las agrupaciones en favor de la decencia se oponían a que sus hijos gozaran de educación sexual en las escuelas primarias, sus esposos disfrutaban de las casas de masajes.

Si bien el ambiente moralizante de fines de los años 30 se encargaba de emprender una cruzada en contra de la circulación de materiales impresos que rayaban entre lo erótico y lo pornográfico, el cine de rumberas estaba por convertirse en un legado cultural e histórico de nuestro país. Mientras se discutía sobre la pertinencia de permitir ciertos espectáculos teatrales en donde se presentaban cuerpos desnudos o semidesnudos, las casas de masaje, al tener un carácter más clandestino, triunfaron, porque no fueron objeto de discusión pública. Al moverse en un ámbito anónimo y al ser un centro de diversión que convocaba a las clases económicamente más poderosas alojadas en la ciudad de México, se quedaron más o menos intactas. La atención estaba centrada en lo que era objeto de consumo cultural para las masas, no para las elites.

En México fue a fines del siglo XIX cuando la prostitución dejó de ser una cuestión de pecado y de moral y pasó a ser un problema de higiene y de legislación (Núñez Becerra, 2002, p. 29). Los burdeles comenzaron a ser espacios en donde las mujeres seducían a los hombres, cuando tradicionalmente era al revés. Los burdeles se convirtieron en los espacios semipúblicos o semiprivados en donde el ritual de la seducción se reinventó. Los burdeles se transformaron y especializaron en prácticas sexuales sofisticadas; abiertos o para una clientela muy rica o para una muy pobre; la capa intermedia de la sociedad asistirá a cafés, bares, cantinas, clubes, centros de masaje, etcétera (idem, p. 38). 

Las denominadas Comisiones de Seguridad en México surgieron en 1917. Durante el sexenio de Lázaro Cárdenas se convirtieron en lo que fue conocido como Servicio Secreto. Esa organización se encargó de investigar los homicidios cometidos por Goyo Cárdenas. Este célebre Serial Killer se volvió figura pública una vez que los burdeles se habían consolidado ya como espacios de socialización sexual en la ciudad de México.

La revista Vea promovió, desde 1934, la producción, la circulación y el consumo de los desnudos femeninos, pues durante 25 años retrató desnudas o semidesnudas a las "exóticas" de la farándula de la vida nacional (Ancira y Jardón, 2001). Se trataba de una revista cachonda a decir del español Camilo José Cela (Jiménez, 1998, p. 149). La vida de cabaret influyó de forma determinante en el cine mexicano, el que a su vez hizo lo suyo en la promoción de la vida nocturna de la ciudad de México. El cine de rumberas fue una de las invitaciones veladas a conocer la vida de los cabarets en México y su mayor publicidad.

En el sexenio de Miguel Alemán (1946-1952) se filmaron más de 100 películas que abordaron el tema de las rumberas y los arrabales, aunque casi siempre eran las mismas historias: una chica humilde de provincia llegaba a la ciudad, era "devorada" por la maldad imperante en la urbe y quedaba condenada a bailar en el cabaret hasta encontrar la redención (Maza, 2001).

En la década de los 40 en México surgieron reglamentaciones dirigidas a la producción y exhibición de películas y revistas. La industria pornográfica, en particular, y la del desnudo, en general, se estaba consolidando en nuestro país. A fines de la década de los 50 varias actrices mexicanas posaron desnudas causando escándalo, como siempre, entre los sectores más conservadores del país, y furor entre los sectores más liberales o vanguardistas de la sociedad.

Digamos que la moda y el cine le dieron un carácter erótico distinto a la ciudad. Y así como se contaba ya con materiales entre eróticos y pornográficos en México, se requería de sitios en donde se pudieran exhibir libremente estos materiales, de tal suerte que comenzaron a surgir algunos cines encargados de proyectar esas películas y que se diferenciaban claramente de otro tipo de salas cinematográficas, donde solían exhibirse filmes de "buenos modales". 

Para acceder a las salas cinematográficas que exhibían cintas entre pornográficas y eróticas era necesario mostrar la cartilla del Servicio Militar para acreditar la mayoría de edad. Gracias al cine y la misoginia cultural enraizada en nuestra sociedad las putas pasaron no sólo a ser las protagonistas de numerosos filmes sino también el blanco perfecto de la violencia institucional y moral del país. 

Las mujeres hablan

El libro del guanajuatense Jorge Ibargüengoitia Las muertas (1977) trata de unas singulares mujeres que se dedican a prostituir mujeres jóvenes a cambio de casa y comida. Tienen negocios en varios pueblos que son frecuentados no sólo por los lugareños sino también por el presidente municipal, situación por la cual los sitios de prostitución son mantenidos en una extraña suerte de confidencialidad. Las dueñas del negocio se involucran afectivamente con unos hombres, uno de los cuales es centro de la historia por una venganza amorosa que desea llevar a cabo. La prosperidad del negocio es entorpecida por las extrañas muertes de las empleadas. En el excelente libro de Ibargüengoitia se mezclan elementos de la realidad y la ficción. Veamos por qué. 

En un pueblo de Guanajuato, en los años cincuenta, tres hermanas, Delfina, María de Jesús y Eva González Valenzuela, tuvieron varios centros nocturnos donde llevaban secuestradas a jóvenes de los municipios cercanos. El más famoso, Guadalajara de Noche, estaba ubicado en este municipio. Conocidas como Las Poquianchis (nombradas por algunos como "las heroínas prenarcotraficantes"), mantuvieron una red de prostitución protegida por las autoridades municipales y estatales. El descubrimiento de algunos cadáveres, en 1964, de unas jóvenes asesinadas y enterradas por órdenes de Las Poquianchis destapó la cloaca de corrupción y crimen que rodeó a estas controvertidas mujeres. El caso fue conocido a nivel nacional e internacional, pero con un matiz amarillista. En 1976 el director Felipe Cazals estrenó una película que llevó por título Las Poquianchis. Los expedientes se encuentran en el Archivo Histórico Municipal "Vicente González del Castillo" del poblado de San Francisco.

El caso resulta simpático porque en México existe una ley federal de protección a la historia. En el mencionado archivo existe documentación oficial reservada para proteger la seguridad del municipio o, en su caso, la vida privada de ciertas personas. Sin embargo, esto no sucede sólo en México sino también en Estados Unidos. El caso de Las Poquianchis sigue pendiente. Aunque sea increíble, existen ciudadanos reacios a que se hable del tema. Por cierto, la legislación internacional señala que el secreto de los documentos reservados, para poder ser eliminado, debe preservarse de 25 a 30 años. Quizá por esa dichosa ley aún no hayan abierto tampoco los expedientes del 68. En el primer intento por recuperar el expediente de Las Poquianchis, gracias al reglamento interno del Supremo Tribunal, no se obtuvieron resultados positivos.

El alimento del miedo (1993) es el título de una película del director, muerto en 1995, Juan López Moctezuma, basada en un caso real de una mujer que en los años 50 vendía tamales que contenían carne humana, se supone que de su marido. Aunque hay muy poca información que circule libremente sobre este hecho, el caso de La Tamalera ha pasado a formar parte de la cultura popular mexicana. El grupo de rock Las Víctimas del Dr. Cerebro, en su disco En evidencia, incluyeron una canción en homenaje a esta singular mujer. Este otro célebre caso también pasó a formar parte del bagaje cultural de México. El creciente número de casos como estos y muchos otros, de alguna u otra forma propició que en México se consolidara la nota roja y la prensa amarillista.

Post mortem

Asesinos como La Tora, Higinio El Pelón Sobera de la Flor y El Sapo (presos en Lecumberri al mismo tiempo que Goyo Cárdenas) fueron más brutales, cometieron más crímenes y no se volvieron tan famosos. ¿Por qué Goyo Cárdenas, La Tamalera y Las Poquianchis, por mencionar sólo algunos casos de nuestra flamante historia, se volvieron tan famosos? ¿Por qué El Sapo, que asesinó 150 personas o más, no se convirtió en una celebridad en México como Goyo Cárdenas, quien mató sólo a cuatro mujeres? ¿Por qué el caso de Gilberto Flores Alavez, quien asesinó a machetazos a sus abuelos Gilberto Flores Muñoz y María Asunción Izquierdo, conmocionó al país? 

Enrique Metinides, el fotorreportero por excelencia de la nota roja en nuestro país, lo dijo alguna vez: 

el morbo existe en todos: en el que lee la nota, en el homicida, en el reportero, en los mirones. Pero, a pesar de que hay que tomar la foto con morbo, yo nunca quise quedarme ahí, quise hacer algo artístico, otro tipo de periodismo, con más categoría, pensando incluso en la familia de la víctima, en su dolor, en su vergüenza. 
No sólo los medios masivos de información se han ocupado de la violencia como tema central para hacer una industria rentable. La psicología social también lo ha hecho. La psicología, en general, se ha encargado de lo feo. La violencia sexual, el maltrato infantil, la tortura, la negociación y el conflicto en la política, la discriminación racial y sexual, las relaciones entre géneros, la violencia intrafamiliar, el consumo de drogas, entre otros tantos, son temas socorridos por los psicólogos sociales jóvenes y no tan jóvenes. Son temas con los que los psicólogos sociales estamos bastante relacionados. Como si la psicología social no pudiese encargarse de otras tantas cosas. No cabe duda que la violencia vende bien, aun entre nosotros. Porque destapa el morbo, porque de alguna manera hemos confeccionado una psicología morbosa que hunde sus miradas en donde las heridas de la sociedad se abren. Pero si asumimos que la psicología social es como una suerte de espíritu de la época, podemos afirmar con lujo de certeza que hemos confeccionado una psicología del desencanto.
 
 
 
 
 
 
 
 
   

El éxito de los materiales con contenidos violentos, si bien apunta en varias direcciones, parece ser el reflejo de varias cuestiones que no conducen, necesariamente, a una condición patológica o anómica de las sociedades sino que parece responder al hecho de que la violencia, como fenómeno y objeto cultural de consumo, ha ido redefiniendo sus fórmulas día con día. Es decir, lo que era considerado violento hace un siglo, por ejemplo, puede no serlo hoy en día. Las viejas fórmulas del horror, el crimen y la violencia parecen estar obligadas a renovarse para sostener una industria millonaria que se enriquece con el sufrimiento, el sadismo, el masoquismo y el voyeurismo. 

La violencia como fórmula de expresión mercantil no sólo ha conquistado mercados de consumo sino que se ha ido sofisticando y ha diversificado sus modos de expresión. Y esto no parece ser más que el claro reflejo del mundo en que vivimos. Pero no por ello podemos culpar al cine, la televisión, los videos o a los videojuegos. Si los materiales con contenidos violentos venden es por la simple y sencilla razón de que hay un mercado de consumidores, ávidos de violencia. Voy a finalizar con una frase del sociólogo español Jesús Ibáñez, que me gusta mucho: "Come mierda. Diez millones de moscas no pueden equivocarse" (1986, p. 291).•

* Juan Soto Ramírez es profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metroplitana Iztapalapa, en el Área de Estudios Rurales y Urbanos. Maestro en psicología por la UNAM, es integrante de la Red de Psicólogos Radicales (Radpsynet, USA) y de la Red de Pensamiento Complejo (Redcom, Colombia).
Notas

 1La información se tomó del diario Milenio. Los sitios que se pueden visitar para ampliar el morbo son: http://www.milenio.com/mexico/nota.asp?idc=10531 y http://www.milenio.com/mexico/nota.asp?idc=10285

2De acuerdo con las notas del traductor de La carta de Sagawa, Joaquín Jordá, Shirô Amakusa fue un caudillo de la revuelta en Shimaraba, de 37,000 cristianos, contra el shogunado en 1637. Herido, capturado y decapitado al año siguiente, famoso por su belleza.

 3De acuerdo con las notas del traductor, Matthew Calbraith, Perry mandaba la escuadra norteamericana que —en 1853— obligó a los japoneses a abrir sus puertos, lo que provocó un pacto de amistad japonés-norteamericano al año siguiente y terminó con más de doscientos años de aislamiento voluntario de Japón.

 4En su número 64 (febrero de 2003) la revista Quo publicó un texto titulado "Snuff Movies", que sirvió como una referencia para obtener información sobre las películas sobre las que se habla.

 5La fuente de estos datos fue obtenida de http://www.revistacinefagia. com/cineditos010.htm y http://www.revistacinefagia.com/cineditos 011.htm

 6Mató a cuatro mujeres en corto tiempo, tres de ellas prostitutas, la cuarta era su novia. Con el mismo método de estrangulamiento, en el mismo lugar, la misma cama, junto al lavabo. Después de asearse, las sepultó clandestinamente en esa casa (Oyarzábal, 1999, p. 31).

 7Este sitio es mejor conocido entre los mexicanos como El Palacio Negro de Lecumberri. La penitenciaría de Lecumberri comenzó a construirse en 1888 y se terminó en 1900. El terreno donde se construyó pertenecía a una familia de apellido Lecumberri y la gente comenzó a llamarlo Palacio de Lecumberri. De lo que sucedía en su interior corrían rumores sobre tortura, asesinatos, violaciones, etcétera, de donde adquirió el apelativo de El Palacio Negro. Aunque ahora es el Archivo General de la Nación, en sus celdas estuvieron presos activistas sociales como Valentín Campa, José Revueltas, Demetrio Vallejo, Alberto Lumbreras, David Alfaro Siqueiros, Fausto Trejo Castillo, así como profesores y estudiantes que dieron vida al movimiento del 68.

8"Nació en Jiménez, Chihuahua, en 1910; murió en 1978. Destacó como perito en criminología. Realizó estudios de psicoanálisis en el Instituto Nacional de Psicopedagogía. Fue catedrático de la UNAM, cofundador de las carreras de criminalística y criminólogo, jefe de la Sección Psicológica del Tribunal para Menores y profesor del Instituto Técnico de Policía de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal. Entre sus muchos logros se cuentan el haber descubierto la identidad del asesino de León Trotski y el estudio de la personalidad de Gregorio Goyo Cárdenas (el llamado Estrangulador de Tacuba). También descubrió la identidad del escritor B. Traven. Gracias a su iniciativa desapareció el penal de Lecumberri. Murió mientras daba una clase de medicina forense. El auditorio del Instituto Nacional de Ciencias Penales lleva el nombre de tan ilustre mexicano". Información disponible en http://wwwhtm.pgr.gob.mx/expo100/galeria2.htm

9Esta información puede consultarse en el interesante libro Homicidios seriales, citado en la bibliografía.

10En el Código Penal de 1931 se puede leer que los "locos", "idiotas", "imbéciles" y aquellos que sufrieran alguna otra grave "anomalía" o "enfermedad mental" no podían ser sujetos imputables, pues sólo podían ser imputables (responsables de su conducta, penalmente hablando) aquellos sujetos que no cayeran en estas categorías.

11Ricardo Ham, quien realizó un documental sobre Goyo Cárdenas, que se estrenó al inicio de 2004, con Verónica de la Luz, Salvador Méndez y Marco Jalpa, dijo respecto de la ovación que el homicida recibió en la Cámara de Diputados: "cuando él acudía a la Cámara, los diputados, desde luego priístas, actuaban en bloque: si uno aplaudía, aplaudían todos".

Bibliografía

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