Desaparecidas: presencia tangible de las mujeres asesinadas
 en Ciudad Juárez, Chihuahua

Inauguración:
Lunes 12 de junio de 2006
19:00 hrs.

 

Galería Manuel Felguérez
Planta baja del edificio de Rectoría General.
Prolongación Canal de Miramontes 3855, Col. Ex-Hacienda San Juan de Dios,
Delegación Tlalpan, C.P. 14387 México, D.F.

 

 

  • Ni anónimas pero tampoco solas, aparecen las víctimas de la violencia en la instalación Desaparecidas, realizada por Deborah Koenker, artista plástica y visual originaria de Chicago, Estados Unidos.
     
  • En un lienzo de unos 60 metros de largo, son recuperadas identidad, cultura e historia de estas jóvenes, sus hermanos, hijos, madres y familiares, a través del bordado de huellas digitales
     
  • Testimonios por escrito, textiles y fotografías integran esta muestra.

 

Las huellas digitales, que sirven lo mismo para acreditar la identidad de una persona así como sus rasgos únicos, son códigos intransferibles. Convertidas en emblema, la artista plástica y visual Deborah Koenker congrega en estas huellas el valor simbólico y real de las historias de vida de los cientos de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua, más de 400 durante la última década, víctimas de la violencia hasta ahora impune.

Con la muerte de estas mujeres, jóvenes en su mayoría, Koenker pregunta “¿qué hemos perdido? Autora de la instalación Desaparecidas, su trabajo constituye un “fresco” bordado que reproduce las huellas digitales de las mujeres, sus hijos, padres, esposos, familiares. “Quiero hacer visible las huellas invisibles que quedan impresas en su trabajo”, expresa la artista.

Sobre un lienzo de muselina, aproximadamente de 60 metros de longitud, un grupo de mujeres originarias Tapalpa, Jalisco bordaron dichas huellas, a partir de fotocopias trasladadas por la artista plástica a la tela, “en un acto de protesta y homenaje”, al que se suman los habitantes de esta localidad, de donde proceden algunas de las mujeres asesinadas.

El poder de estas imágenes depara múltiples destinos. La autora explica que las investigaciones de criminología echan mano de las huellas y éstas son tomadas, generalmente, sólo como indicios. En Desaparecidas los testimonios tienen nombre e historia, representan más que rastros de la investigación en turno. Las huellas así, resultan el compendio de saberes, experiencias, afectos, de la convivencia cotidiana.

Las bordadoras de Tapalpa hicieron un trabajo artesanal, acerca del cual la artista hace ver que se trata de una práctica en serio riesgo de perderse culturalmente. Deborah Koenker (Chicago, Estados Unidos, 1949), se considera ciudadana de Norteamérica, con periodos de residencia en Estados Unidos y en Canadá.

En ese contexto, Desaparecidas sugiere, además, otra vía para pensar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al presentar de manera indirecta “el impacto de la maquinaria de la economía y el consumo global”, argumenta la autora, al plantearse más preguntas: quién hace las cosas y bajo qué condiciones, quién tiene la capacidad de adquirirlas. 

En esta instalación/fresco subyace una reflexión sobre la industria maquiladora que opera dentro de la zona fronteriza de México y que constituye prácticamente la única fuente de trabajo de las mujeres que emigran en la búsqueda de mejores condiciones de vida, para ellas, su familia y su comunidad.

Junto al lienzo, hay fotografías y algunos escritos, entre ellos, uno de Amnistía Internacional que considera “la violencia contra la mujer como la violación más grande, en rango mundial, de los derechos humanos”; Amnistía asegura que la mayoría de los actos de violencia en contra de la mujer no son investigados.

Desaparecidas por primera vez será exhibida integralmente. Las piezas fueron armándose a manera de rompecabezas, desde que surgió la necesidad de hablar sobre el caso de los llamados femincidios, los encuentros con los habitantes de Tapalpa y los viajes intermitentes hacia la comunidad, el contacto con las representantes de grupos de activistas, entre ellas Esther Chávez Cano de Casa Amiga. Centro de Crisis y Maricela Ortiz de Nuestras hijas, ambas de Ciudad Juárez, las vistas de Señorita extraviada, película de Lourdes Portillo.

Koenker enfatiza: “el hecho de confrontarnos con la violencia a través de los medios ha surtido un efecto contraproducente, la gente se cierra incapaz de procesar el dolor. El trabajo artístico –continua–, representa una forma más lenta pero diferente que ofrece la oportunidad al espectador de contemplar en el espacio el tema de la violencia contra las mujeres; es un proceso diferente que, en última instancia, puede producir cambios significativos”.

 

Desaparecidas, breve historia. Por Deborah Koenker

Hace tres años leí en una revista un artículo sobre las víctimas de Ciudad Juárez. En ese mismo verano (2003) un individuo fue identificado como  presunto asesino de varias mujeres, misteriosamente desaparecidas en una área céntrica de Vancouver, Canadá –la ciudad donde yo vivo–, en el transcurso de dos décadas.

La confluencia de estos dos eventos provocó mi preocupación sobre la violencia en contra de las mujeres. Busqué información sobre las víctimas de Ciudad Juarez en el internet, y las fotos que encontré de algunas víctimas –muy jóvenes la gran mayoría, niñas algunas– me perturbaron.

Estas imágenes me conmovieron y me motivaron para realizar este proyecto. En ese entonces no tenía conciencia de cuántas gentes activistas y artistas estaban ya trabajando para protestar y erradicar esa violencia. Ellas han conseguido cambios, han implementado leyes y han creado conciencia en las comunidades. Sin embargo la violencia persiste. 

Los secuestros y asesinatos de Ciudad Juárez son sintomáticos de un problema global.