II

No les queda mal a estas diez liras el título de "Oda a la música". Entre los amigos de fray Luis -nos hemos encontrado ya con Pedro Portocarrero, y nos encontraremos con otros-, uno muy especial era Francisco Salinas, catedrático de Música. (Salinas es autor de uno de los libros fundamentales que existen sobre la música del Renacimiento.) Era ciego, y quizá esto ahondaba el efecto que producía cuando tañía el laúd o la vihuela. El misterioso Pitágoras veía una conexión entre la música de la tierra (con sus números, sus intervalos, su ritmo) y la "música de las esferas". Esta teoría pitagórica está presente en la oda de fray Luis.
 
 

A FRANCISCO SALINAS

1 El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.
1. Fray Luis y unos pocos amigos se han reunido para oír tocar al gran Salinas. La imagen de los dos maravillosos versos iniciales corresponde al momento en que resuenan, en medio del mayor silencio, los primeros acordes.
2 A cuyo son divino,
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.
2. El "olvido" del verso 2 se refiere al "origen" del verso 5 ("la origen", dice fray Luis; la palabra latina origo es femenina). La música hace que el alma recuerde su rigen divino y recupere la conciencia de su ser (el "tino").
3 Y, como se conoce,
en suerte y pensamiento se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.
3. "Y como se conoce...": en cuanto alguien se deja transportar por la música, redescubre su naturaleza íntima; el oro y la belleza material, cosas que el vulgo estima, le son ajenas; son bienes espurios.
4 Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta a esfera,
y oye allí, otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.
4-5. "Traspasa el aire todo..." (el sujeto sigue siendo el alma). El "aire" de la sala (estrofa 1) es ahora "el aire todo", la inmensidad cósmica; y, paralelamente, el maestro Salinas se agiganta y se asemeja al Músico supremo, al divino concertador del universo.
5 Ve cómo el gran Maestro,
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado;
6 y, como está compuesta
de números acordes, luego envía
consonante respuesta,
y entre ambas, a porfía,
se mezcla una dulcísima armonía.
6. Las dos músicas, la de aquí y la de allá, están hechas de la misma manera, son de una sola naturaleza.
7 Aquí la alma navega
por un mar de dulzura y, finalmente
en él ansí se anega,
que ningún accidente
extraño y peregrino oye y siente.
7. Oímos la música de las esferas sin ninguna "estática", libre de ruidos molestos (extraño y peregrino significan lo mismo).
8 ¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituïdo
jamás a aqueste bajo y vil sentido!
8. El desmayo, el olvido y la muerte son cosas negativas; pero, contradictoriamente sus calificativos son enaltecedores ("oximoron" se llama esta figura): desmayo, pero dichoso; olvido, pero dulce; muerte, pero que da vida. El verso 3 significa '¡Ah, si uno pudiera pasar así toda la vida!'.
9 A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro:
que todo lo visible es triste lloro.
9. El "sacro coro" es el de las Musas presididas por Apolo. Los amigos presentes en la velada musical son todos "gloria" de ese coro.
10 ¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos!
10. Vale la pena observar cómo los versos finales de las cuatro últimas liras mencionan lo desdeñable (el "accidente extraño", el "bajo y vil sentido", "lo visible", "lo demás") en contraposición a lo valioso.
FRAYLUISDELEÓNFFFFFFFFFFFFF

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